Cada año, miles de artes de pesca quedan abandonadas, se pierden o son descartadas accidentalmente en los océanos. Redes, nasas, palangres y otros equipos continúan interactuando con el medio marino mucho después de haber dejado de cumplir su función, capturando organismos de forma involuntaria y generando residuos que pueden permanecer durante décadas. Este fenómeno, conocido como pesca fantasma, se ha convertido en uno de los principales retos ambientales para la pesca profesional.
Aunque la solución pasa por combinar medidas de prevención, recuperación y mejora de los equipos, cada vez cobra más importancia el diseño de los propios componentes del aparejo. Un peso mejor adaptado al fondo no elimina la pesca fantasma, pero sí puede contribuir a reducir la probabilidad de pérdida y minimizar su impacto cuando esta se produce.
¿Qué es la pesca fantasma y por qué preocupa al sector?
Se denomina pesca fantasma a la captura continuada de especies por parte de artes de pesca que han quedado abandonadas, perdidas o descartadas en el mar. El problema con estos equipos es que pueden seguir atrapando peces, crustáceos y otras especies durante largos periodos de tiempo, con lo que afectan al ecosistema marino en una doble línea: contaminando y generando pesca fantasma. Cuando el arte implicado son redes, este fenómeno suele denominarse específicamente redes fantasma, aunque el problema de fondo, es decir, equipos que siguen operando sin control tras su pérdida; es el mismo independientemente del tipo de aparejo.
Además de sus consecuencias ambientales, las artes perdidas representan un importante coste para el propio sector. Sustituir líneas, anzuelos, pesos y otros componentes implica invertir tiempo y dinero, mientras que las interrupciones de la actividad incrementan el consumo de combustible y reducen la rentabilidad de cada jornada de pesca.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el informe Abandoned, Lost or Otherwise Discarded Fishing Gear, estima que aproximadamente el 2 % de las artes de pesca utilizadas en el mundo acaban cada año abandonadas, perdidas o descartadas en el océano, una cifra que refleja la dimensión global del problema.
El impacto económico va mucho más allá del material perdido
Cuando un aparejo queda atrapado o abandonado, el coste no se limita a sustituir los componentes perdidos. Cada incidencia supone tiempo empleado en rearmar el equipo, retrasos en las maniobras y un mayor consumo de combustible.
Diversos estudios han intentado cuantificar este impacto. Por ejemplo, en la pesquería de langosta del suroeste de Nueva Escocia, investigaciones publicadas en Marine Pollution Bulletin estimaron pérdidas superiores a 175.000 dólares canadienses anuales asociadas a las artes abandonadas, una cifra que posteriormente se elevó hasta aproximadamente 240.000 dólares al año para el periodo comprendido entre 2019 y 2021.
El diseño del peso también influye en la probabilidad de pérdida
Cuando se analizan las causas de pérdida de un aparejo, la atención suele centrarse en la resistencia de la línea o en la configuración del arte de pesca. Sin embargo, el peso es uno de los primeros elementos que interactúan con el fondo marino, y su diseño influye en el riesgo de enganche según el tipo de sustrato sobre el que opera.
Su geometría condiciona la forma en que el aparejo supera los obstáculos. Los perfiles bajos, las superficies redondeadas y las formas esféricas o cilíndricas lisas presentan menos puntos susceptibles de quedar acuñados entre las rocas que los diseños con caras planas o aristas marcadas. En muchos casos, esta configuración favorece que el peso ruede o se deslice sobre el obstáculo en lugar de quedar bloqueado.
No obstante, conviene ser precisos. Ningún diseño puede impedir completamente los enganches. De hecho, las propias patentes desarrolladas para fabricar pesos resistentes al enganche reconocen que incluso las geometrías optimizadas pueden terminar alojadas en grietas o cavidades del fondo. El diseño reduce la probabilidad de pérdida, pero no la elimina.
Cuando la pérdida ocurre, el material también importa
La prevención constituye la primera línea de actuación frente a la pesca fantasma, pero también resulta importante considerar qué sucede cuando la pérdida no puede evitarse.
Tradicionalmente, muchos pesos de pesca se han fabricado con plomo. Si permanecen en el fondo marino tras la pérdida del aparejo, además del residuo físico, dejan un metal pesado cuya toxicidad y capacidad de bioacumulación están ampliamente documentadas.
Por ello, el sector muestra un interés creciente por alternativas como el zinc reciclado. Este material mantiene el rendimiento operativo necesario para la pesca de palangre de fondo, es reciclable al final de su vida útil y elimina la incorporación de plomo al medio marino en caso de pérdida accidental.
No reduce la pesca fantasma por sí mismo, pero sí disminuye la huella ambiental asociada a uno de los componentes del aparejo.
Confía en GreenCastSea porque la reducción de pérdidas requiere una estrategia de conjunto
La lucha contra la pesca fantasma no depende de una única innovación. La localización de artes perdidas, los sistemas de recuperación, el marcado de equipos, el uso de eslabones débiles, la adaptación del aparejo al tipo de fondo o el cumplimiento de futuras exigencias regulatorias forman parte de una estrategia integral.
Ante esta realidad, el diseño de los pesos constituye un componente más del sistema. Fabricantes especializados como GreenCastSea desarrollamos pesos de pesca estándar y pesos de pesca a medida que pueden reducir la probabilidad de enganche mediante geometrías adaptadas a cada pesquería y, al fabricarse en zinc reciclado libre de plomo, disminuir el impacto ambiental cuando la pérdida resulta inevitable.
Si bien no somos capaces de evitar la pesca fantasma mediante una única pieza del aparejo, sí trabajamos para aportar soluciones que contribuyan a una pesca profesional más eficiente, más sostenible y preparada para responder a las futuras exigencias ambientales.
